Un café…

Un café a media mañana.

Un te quiero entre las sábanas gastadas.

Aquel beso en un semáforo en rojo.

Una mirada entre la gente.

Una caricia a escondidas.

Una sonrisa.

Una cena para dos en la cocina. 

Un abrazo eterno. 

Un regalo inesperado.

Un paseo cumpliendo sueños sin cumplir. 

Un viaje a las estrellas. 

Conversaciones hasta las tres a la madrugada.

Un buenos días. Un buenas noches. 

Una espera que no termina. Un amor que no se olvida. Un te quiero nunca dicho. Un adiós eterno.

Un….

Camino de rosas.

La vida no es ese camino de rosas que nos contaron de pequeños.

A medida que crecemos nos topamos con más de una espina que se clavan en lo más hondo de nuestro corazón.

Heridas que nunca curarán del todo.

Heridas que dejarán una blanda cicatriz que puede abrirse en cualquier momento.

A la menor ocasión.

Porque según creces y soplas velas de la tarta de cumpleaños, sabes que la vida consiste en caminar con alguna piedra en el zapato.

Pero debes tener en cuenta una cosa: no eres los guijarros que te impiden caminar.

Eres todos aquellos que te quitaste para volver a andar con la cabeza erguida.

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La Tormenta.

Cielos encapotados.

Nubes que surgen de la nada.

Tormentas que alborotan el ánimo para luego dejar salir al sol.

Siempre he pensado que el tiempo es un fiel reflejo de nuestra realidad.

Puede que no vaya tan desencaminada.

Nuestra mente puede llenarse de preocupaciones.

Nervios que el día a día nos regala.

Decepciones que no esperábamos.

Personas que no respondieron como imaginábamos.

Así se desata la lluvia.

Lágrimas que mojan nuestros ojos.

Que terminan por arrastrar todo aquello que nos hace daño.

Y, después, como pasa tras cada temporal, viene el sol.

El que nos ilumina.

El que nos hace ver todo incluso mejor que antes.

Porque por muy negras que sean las nubes, por mucho que suenen los truenos, siempre sale el sol.

Siempre.

 

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Entrevista a Fernando J. López.

fernando-j-lopezNovelista, dramaturgo y doctorado cum laude en Filología. En su trayectoria narrativa destacan títulos como In(h)armónicos  (Premio Joven & Brillante de Narrativa), Las vidas que inventamos, La inmortalidad del cangrejo o La edad de la ira, obra finalista al Premio Nadal 2010 y que, desde su publicación, no ha dejado de reeditarse hasta convertirse en un long-seller, siendo hoy un título de refthriller como un mecanismo para guiar al lector a través de la introspección en las emociones de sus personajes.

_____________________________________________________________

  1. Dramaturgo y novelista, ¿Cómo compagina las dos actividades?

Ambas está íntimamente relacionas. En realidad, me siento como un contador de historias, solo intento elegir el género que mejor le conviene a cada una de las vidas de las que necesito hablar. Normalmente, cuando me llega una idea, ya intuyo si va a ser una pieza teatral o una novela, cada género tiene su propio código y, como autor, me gusta poder ir de uno a otro, explorando sus diferentes posibilidades. De ahí que en mis obras de teatro sea importante la narratividad y en mis novelas se trabaje tanto la voz de los personajes: ambos géneros se contagian inevitablemente.

  1. Como dramaturgo ha escrito numerosas obras de teatro, tanto para su propia compañía teatral como para otras, ¿con que título se quedaría y por qué?

Es imposible elegir un solo título. En cada uno de ellos hay una parte esencial de mí, pues en cuanto escribo dejo experiencias, ideas, sentimientos y me reconozco en los personajes y en sus palabras. Quizá destacaría dos títulos por lo que han supuesto en mi vida: Los amores diversos, con la que regresamos en octubre a la Sala Tú, y Cuando fuimos dos. Son dos piezas que abordan el tema del amor desde perspectivas muy diferentes y que han conectado con un público muy diverso por la desnudez con que se plantea la realidad de sus personajes. Las reacciones de los espectadores en ambos casos son uno de los mejores regales que he recibido como dramaturgo.

  1. Pronto estrenará Las harpías en Madrid, ¿Qué podría contarnos sobre esta obra?

Es una comedia de capa y espada en la que he escrito una versión muy libre de una novela picaresca del siglo XVII, de Castillo Solórzano. Es una obra decididamente feminista en la que, a través de la figura de las pícaras, quería hablar de la dificultad de la mujer para conquistar su lugar en una sociedad donde, durante siglos, se la ha intentado mantener sumisa y sin voz. A través del humor y del código de la narrativa del Siglo de Oro se hace un viaje a través de la lucha por la igualdad desde el siglo XVII hasta nuestros días. Nos gustaría que el público se riese y, también, que saliese con ganas de debatir y de hablar tras ver la función, que la historia de estas tres mujeres sirva como recordatorio de todo lo que aún nos queda por avanzar y pelear hasta la verdadera igualdad.

  1. Como novelista, su primera novela, In(h)armónicos, obtuvo el Premio Nacional Joven y Brillante 97, ¿Qué supuso este reconocimiento para usted?

Fue un premio inesperado y, a la vez, muy motivador. En el jurado había escritores de la talla de Carlos Bousoño y Camilo José Cela, así que cuando me dijeron que habían elegido mi novela sentí que, quizá, no había equivocado mi camino y mi vocación. Aquel primer paso me animó a seguir escribiendo y a tener algo más de fe en mí mismo, pues siempre he sido –y soy- muy inseguro.

  1. Su siguiente novela, La edad de la ira, publicada en 2011, trata la homosexualidad en la adolescencia y se ambienta en el mundo docente. ¿Cree que para los adolescentes de hoy en día sigue siendo igual de difícil “salir del armario” que hace 10 o 15 años?

Sigue siendo difícil aceptarse a uno mismo. El hecho homosexual en La edad de la ira es solo un aspecto del libro y funciona, en realidad, como una metáfora de lo complejo que es conocerse, aceptarse y manifestarse abiertamente ante los demás. Vivimos en una sociedad donde, supuestamente, la diversidad ya no es foco de conflicto y, sin embargo, bajo toda esa máscara de lo políticamente correcto, aún quedan muchas barreras que derribar. La diferencia tiene que ser siempre reivindicada y, más aún, abrazada: cuanto más diversos seamos, más nos enriqueceremos. Por suerte, en el tema LGTBI, ahora contamos con un marco legal y con una ley de matrimonio que, en su momento, fue pionera, pero aún queda mucho que pelear contra la homofobia y en las aulas, más allá del voluntarismo docente, este tema apenas se toca.

  1. Otra de sus novelas de temática homosexual es La inmortalidad del cangrejo, considerada una de las mejores novelas de temática gay en España. El título, sin duda, encierra un gran significado filosófico. Tal vez muchos no sepan el significado de esta expresión, ¿podría explicarnos su significado y el porqué de su elección como título a esta novela?

La idea del título era presentar el siglo XXI como un tiempo de retroceso y no de avance, un momento en el que predomina el ruido y el discurso vano y superficial (sobre la inmortalidad del cangrejo) en vez del análisis y la reflexión. La novela aúna lo individual –la crispación de un joven de 23 años que no encuentra su lugar- con lo social –el terrorismo, el inicio de la crisis económica, el principio del fin del (si es que alguna vez existió) el Estado del Bienestar. Todo, como los cangrejos, camina hacia atrás y se presenta un mundo que no evoluciona, sino que –a causa de la violencia, el miedo y la segregación- involuciona. Por desgracia, muchas de las reflexiones de ese libro, enmarcado en 2001, son ahora más vigentes que nunca.

  1. Su última novela, El sonido de los cuerpos, se adentra en el género de novela negra. En pocas palabras, ¿Cómo la definiría?

Es un thriller en el que los personajes no solo investigan la causa de unos extraños crímenes sino, sobre todo, sus propias emociones y sus vínculos –sexuales y sentimentales- con las personas que les rodean. Una novela polifónica donde cada narrador busca, entre los sonidos ajenos, su propia voz.

  1. Ha sido profesor de Educación Secundaria y Bachillerato, ¿ha influenciado esto a su creación literaria?

Mucho. En el aula descubrí un trabajo que me apasiona y al que, cuando la literatura me lo permita, espero volver. De todo ello hay reflejo en cuanto escribo, tanto directa como indirectamente. Novelas como La edad de la ira o Los nombres del fuego, destinadas al público adolescente, nacen de esas aulas, de cuanto he vivido con mis alumnos, de esos adolescentes en quienes he hallado a gente maravillosa que no encuentra, en ocasiones, el modo de hacer oír su propia voz.

  1. ¿Algún consejo a futuros escritores?

Solo dos: que sean muy observadores (los autores necesitamos vidas que contar y, en cierto  modo, somos vampiros de historias propias y ajenas) y que no se rindan (si la pulsión de la literatura forma parte de su identidad, jamás deben tirar la toalla, aunque este oficio tenga muchos momentos en que esa rendición parezca la única salida posible)

  1. Si le parece bien, le invito a responder ahora a una retahíla de preguntas cortas:
  • ¿Novela preferida? La Regenta, de Clarín
  • ¿Película preferida? El apartamento, de Billy Wilder
  • ¿Playa o montaña? Playa
  • ¿Cersei Lannister o Daenerys Targaryen? Lo confieso: no me ha enganchado nada Juego de tronos
  • ¿Colacao o Nesquik? Colacao (¡siempre!)
  • ¿Verano o invierno? Verano
  • ¿Asignatura preferida en secundaria? Literatura
  • ¿En el amor y en la guerra todo vale? Si el amor es guerra, no es amor.

 

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Como dramaturgo, ha estrenado más de una veintena de obras, entre las que destacan:

  • Los amores diversos, estrenado en el Festival de Teatro de Málaga (2016) y representado actualmente en el Teatro Lara con una excelente recepción entre la crítica especializada: «Un texto impecable, bien escrito, inteligente y lleno de matices.» (Todosalteatro.com), «Un texto imponente. Una factura perfecta en una fusión de poesía y teatro. Imprescindible.» (Diario crítico), «Un texto contundente y lleno de rabia y deliciosa poesía. Vibra en cada una de sus líneas.» (Enunentreacto.com)
  • Las harpías en Madrid, comedia inspirada libremente en la novela picaresca de Castillo Solórzano y que se estrenará en julio de 2016 en el Festival Internacional de Teatro de Almagro.
  • Pánico, adaptación de la comedia de Mika Myllyaho, estrenada en el Palacio Valdés de Avilés (2016)
  • De mutuo desacuerdo, publicada en 2015 por Antígona con prólogo de Ernesto Caballero, y estrenada en el Teatro Bellas Artes de Madrid (también en 2015). Además, también ha sido también representada en otros países como Venezuela y Panamá.
  • Yerma, versión de la obra de Federico García Lorca dirigida por José Luis Arellano y estrenada en el Gala Theatre de Washington (2015). La función, nominada a 10 premios Helen Hayes fue elogiada como “visually striking production“ por el The Washington Post.
  • Cuando fuimos dos, publicado por Ñaque (2012), presentado en la Muestra de Autores Contemporáneos (2013) y estrenada en Madrid en la sala El Sol de York y el Teatro Infanta Isabel.
  • Saltar sin red, publicado Antígona (2012) y estrenado en el Centro Conde Duque de Madrid bajo la dirección de Ainhoa Amestoy.
  • Darwin dice, publicada por la Editorial Teatro (2012) y esrenada bajo la dirección de Simon Breden en la sala Montacargas.
  • Tour de force, publicado por Antígona (2011) y estrenado bajo la dirección del propio autor.
  • El sexo que sucede, publicado por la AAT (2006) y estrenado bajo la dirección del propio autor.

Actualmente compagina la creación literaria con las clases de Dramaturgia que imparte en el Máster de Escritura Teatral de la Universidad de Alcalá de Henares.

Si quieres mas información sobre Fernando J. López pincha en los siguientes enlaces:

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Entrevista Yauci M. Fernandez.

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He tenido el placer de poder entrevistar a Yauci Manuel Fernández, un escritor que competía en campeonatos de matemáticas, le gustaba la física en secundaria y se considera adicto al chocolate.

22 años. Psicólogo. Ha publicado tres novelas y la cuarta está en camino, de la cual me ha desvelado el titulo. Si quieres saber mas sobre el y sus novelas lee la entrevista completa aquí abajo.

Antes de dedicarse por entero a las letras, estudió psicología y competía en campeonatos matemáticos, ¿Por qué se decidió finalmente por la escritura?

Siempre he sido un tipo muy raro. En mis tiempos mozos de adolescente, efectivamente, hice muchas cosas. Pintaba figuritas, iba a campeonatos de matemáticas, era un friki de los juegos de mesa y otras historietas. Pero llegó un día en que me dije a mí mismo que quería escribir un libro, y cuando lo hice, me di cuenta de que no quería parar. Me encantaba.

Veintidós años, tres novelas publicadas hasta el momento y una cuarta a la vista, ¿Cómo se siente?

Se me ocurre hacer la broma de que ahora mismo tengo algo de hambre, pero tranquilo, no la voy a hacer. Sinceramente, creo que la edad no es algo fundamental. Me siento orgulloso de haber sacado aprobados raspados en lugar de sobresalientes, porque eso me habría quitado muchísimo tiempo y no me habría servido para nada, incluso me habría olvidado de casi todo lo aprendido. Ya sé que no es políticamente correcto decir eso, pero fue lo que me permitió escribir mi primera novela con diecisiete años, y lo que me ha permitido escribir otras tres durante los años de carrera universitaria. No he sido un gran estudiante, pero serlo no te garantiza nada en la vida ni en el mercado laboral. Y mucho menos te garantiza la felicidad.

¿Qué nos puede decir de su primera novela, El resurgir de la esperanza? ¿En qué momento se le ocurrió la trama de dicha novela?

Recuerdo que fue una historia que se me había ocurrido desde hacía tiempo. Tampoco quiero decir mucho porque, como sabrás, esa novela no la promociono demasiado porque no estoy muy contento con el resultado final. Muchos escritores tienen una primera novela cojonuda. No es mi caso. No recomiendo leerla. Siento que les defraudaría. Cometí muchos errores por novato, y aunque fue una experiencia de la que no me arrepiento porque me sirvió para aprender, el resultado no fue bueno.

Su segunda novela, La biblioteca de Emma, nos habla de la importancia del pasado, del amor, de la añoranza y de cómo la vida cambia constantemente. Rick y Emma, sus protagonistas, en pocas palabras, ¿Cómo los definiría?

Rick es un hombre muy perseverante, creo que eso es lo que le define principalmente. Es alguien que sabe lo que quiere y que busca el mejor camino para conseguirlo. Y además, tiene mucho sentido del humor, así que nos ayuda a que nos riamos un poco mientras leemos. De Emma no puedo decir demasiado porque, aunque toda la novela gira en torno a ella, aparece muy poco. Está basada en una persona real, por cierto.

Cada día cuenta, su tercera novela. Leyendo la sinopsis de ésta, podemos entrever que leeremos algo que nos emocionará; un hombre abandonado por su familia que decide viajar hasta Finlandia para encontrarse a sí mismo. En esta novela describe sentimientos como la soledad, la tristeza, el abandono… ¿Qué le ha llevado a escribir esta historia?

La escribí porque creo que todos hemos vivido una situación parecida. No todos estamos casados, pero sí creo que hemos estado sumidos en una rutina sin darnos cuenta. A mí me ha pasado, y he querido salir, pero no sabía cómo. Así que decidí contar una historia en la que el protagonista se sintiera atrapado en su propia vida hasta que aprendiera que los días no son todos iguales, sino que Cada día cuenta.

¿Por qué Finlandia?

Esa pregunta es sencilla. Resulta que yo fui a Finlandia, y que la mayoría de las situaciones que cuento en el libro las viví yo. Creo que puedo decir que me documenté bastante bien.

La biblioteca de Emma y Cada día cuenta se alejan mucho de su primera novela. ¿Estas dos últimas podríamos decir que son más emocionales?

Sí y no. Aunque el contexto de la primera novela es de fantasía, con dragones, seres misteriosos, espadas y demás, también es un libro muy emocional. Creo que siempre he escrito desde los sentimientos y las emociones. Si no escribo “con el corazón”, no me siento yo.

Sus dos últimas novelas podrían encuadrarse entre el género romántico y el género dramático, ¿Estaría de acuerdo?

Sí. El género romántico siempre tiene una cierta controversia porque, en opinión de mucha gente, para que un libro pertenezca a este género tiene que tener final feliz. Siguiendo esto, nunca diría que mis novelas son románticas porque no quiero que los lectores sepan de antemano si habrá final feliz o no. Pero para mí, que considero la novela romántica como una historia de amor, sí. Y por supuesto, dramáticas también son, aunque esto asusta a la gente. Creo que cualquier historia que pretenda emocionar al lector tiene cierto toque de drama.

Su cuarta novela, ¿podría adelantarnos algo sobre ella? ¿El título tal vez? ¿El argumento?

El argumento aún no. Pero sí puedo decir que se llamará Dos palabras para enamorarte. Aunque, por supuesto, no puedo decir cuáles son esas dos palabras. Es la novela más romántica que he escrito, y la fecha de salida estimada es en febrero o marzo de 2017, aunque aún no he firmado nada con ninguna editorial, pero sí ha habido contactos y sigo valorando opciones.

¿Qué consejo le daría a jóvenes que aspiran a ser escritores?

Siempre digo que no me gusta dar consejos porque no soy nadie para hacerlo. Dar consejos te pone en un nivel superior a los demás, al menos en ese tema, y yo no lo estoy. Como mucho, puedo hacer sugerencias en base a lo que he aprendido, pero no son infalibles ni hay que hacerme siempre caso, porque probablemente me equivoque en muchas cosas.

Creo que lo mejor es escuchar mucho, leer mucho y escribir mucho. Para escribir, supongo que tienes que haber observado el mundo para recrear uno nuevo. Y tal vez también diría que es bueno aprender de los errores de los demás, y no tener miedo de cometerlos uno mismo.

Si le parece bien, le invito a responder ahora a una retahíla de preguntas cortas:

  • ¿Novela preferida? La sonrisa etrusca.
  • ¿Película preferida? Hombres de honor.
  • ¿Playa o montaña? Soy de Tenerife. Elijo ambas. Pero vamos, que playa, pero cuando está anocheciendo.
  • ¿Cersei Lannister o Daenerys Targaryen? Pocos elegirían a Cersei, pobrecita. Tampoco soy demasiado de Daenerys. Prefiero a Oberyn Martell. Una pena que…
  • ¿Colacao o Nesquik? Colacao, pero me gustan ambas porque llevan chocolate. Soy adicto al chocolate.
  • ¿Nocilla o Nutella? Nocilla, pero si lleva chocolate me lo como.
  • ¿Verano o invierno? Verano.
  • ¿Asignatura preferida en secundaria? Física.
  • ¿En el amor y en la guerra todo vale? ¡En absoluto! Hay que ser un caballero tanto en el amor como en la guerra.

 

http://www.yaucimfernandez.com/

@yaucifer

Alexander.

-El despertador sonó, como cada mañana, a primera hora. Alexander se levantó de la cama y se dirigió directamente al lavabo, donde se refrescó la cara y las manos con agua fría, a pesar de estar en diciembre. Acto seguido se cepilló los dientes con especial ahínco, acción que le llevó al rededor de cinco minutos. A continuación entró en el vestidor, donde se puso sus pantalones raídos de color caqui, una camisa color beis, una corbata amarillenta y una americana con los bolsillos rotos. Entró en el salón y abrió las cortinas del gran ventanal con vistas a las Ramblas de Barcelona. A pesar de lo temprano de la mañana pudo comprobar, con gran resignación, que ya estaban repletas de muchedumbre. Cogió su sombrero y salió del apartamento en el que vivía solo. Como siempre, bajó los ocho pisos por las escaleras. No le gustaban los ascensores. Eran máquinas demasiado modernas que le obligaban a intercambiar cualquier trivialidad absurda con alguno de sus patéticos e inertes vecinos.

 

Ya en el portal del inmueble, con un fuerte suspiro, salió a la calle. El día era soleado pero fresco. Se echó calle a bajo en dirección al Mercado de la Boquería. Le costaba andar entre tantas personas. No le gustaba. Le molestaba ese ir y venir de seres sin rostro, de personajes insulsos, autómatas de una vida aburrida y monótona. Los miraba por encima del hombro, pensando para sí en lo patéticos que eran. A sus 77 años se había convertido en un viejo amargado. Nunca se había casado y tampoco tenía hijos. Toda su vida la había consagrado a la literatura y la escritura de sus novelas. Escribió veintisiete, y todas de gran éxito. La última hacía casi 20 años.

 

Torció la esquina y entró en La Boquería. Lo que hace muchos años era uno de sus sitios predilectos de la ciudad, con sus cientos de tiendas de fruta colorida y bien ordenada, de pescado fresco, de carnes suculentas, ahora se había convertido en un sin fin de puestos de comida basura, detestable para su paladar viejo y refinado. Después de atravesar casi todo el mercado, llegó al puesto de frutas de Don Pep. Un señor con cara de bonachón, de unos 60 años. Era bajito, gordito, bigotudo, de mejillas sonrosadas y pelo totalmente blanco. Le dirigió un ‘buenos días’ a lo que Alexander contestó con un leve movimiento de cabeza. Se puso a manosear los melocotones y se decantó por cuatro, bien grandes y maduros. Don Pep lo observaba con desdén. No le gustaba ese señor. Tan apagado y vacío de vida. Un infeliz. Un pobre viejo solo y aburrido. Nunca compraba otra fruta que no fueran melocotones, excepto esa mañana, en la que pudo observar con gran sorpresa que se disponía a guardar dos peras en la bolsa de plástico.

 

Pagó su compra y salió apresuradamente de ese lugar que se le presentaba hostil y peligroso. Deshizo sus pasos de vuelta al apartamento pensando en que pronto dejaría la ciudad para irse a vivir a las afueras. A veces le venía a la cabeza la idea de volver a escribir, pero pronto la desechaba. No entendía el funcionamiento de los nuevos ordenadores, que no tenían teclado y todo se hacía a través de la pantalla. Echaba de menos su vieja máquina de escribir, pero ya era demasiado mayor para usarla, se cansaba en seguida.

Entró en el portal, donde se encontró con una vecina y su hijo. No le gustaba esa vecina, era cotilla y cotorra. Siempre lo paraba en mitad de la escalera y le hacía cualquier pregunta a la que el siempre contestaba con monosílabos. No quería cruzarse con ellos por lo que decidió, muy a su pesar, subir en el ascensor.

 

Ya en el apartamento, dejó las bolsas de la fruta en cima de la mesa de la cocina y se volvió hacia el gran salón, donde tenía varias librerías con decenas de libros. En uno de los estantes estaban sus novelas. Cogió la última que había publicado y la abrió por la primera página, en la que pudo leer: “Primera edición, Julio de 1998”. La cerró con fuerte estruendo y la volvió a dejar en su estante. Fue a la cocina, colocó los cuatro melocotones en el frutero y tiró las dos peras a la basura. Apagó la luz y caminó hacia el ventanal del salón. Lo abrió de par en par. La mañana dejaba paso a un bonito día de invierno. Respiró hondo y se precipitó al vacío.

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Los días pasados I.

Rose se había levantado triste esta mañana, cansada por la rutina constante a la que se tenía que enfrentar cada día. Llevaba cuatro años y siete meses viviendo en ese geriátrico y, había días en los que se arrepentía de haber tomado la decisión de irse a vivir, junto con su marido enfermo, a ese lugar. Hacía seis años que a su marido le detectaron un estado avanzado de Alzheimer. Al principio los síntomas no eran importantes; olvidarse de donde había dejado las llaves del coche, de cerrar la puerta de casa, o de dar de comer al gato, pero pronto las cosas empeoraron y Daniel comenzó a perderse dentro de su propia casa. Aun que sin duda, el hecho que hizo determinante la decisión de Rose de ingresar a su marido en el centro fue la mañana en la que no la reconoció. En ese momento supo que ya había perdido a su marido, al hombre con el que llevaba casada 65 años.
Estaba decidida a ir con él. Hacía muchos años los dos se habían hecho la promesa de no separarse nunca y estaba decidida a cumplirla. Sus hijos no la apoyaban, pero ellos no entendían que su vida estaba con él. Que solo juntos eran felices y que no lo abandonaría.
Todas las mañanas, cuando se levantaba se hacia la misma pregunta, ¿de que humor estará hoy? El estado de la enfermedad ya era muy avanzado y eran muy raras las ocasiones en las que la reconocía. La mayoría de las veces la echaba de su habitación a gritos y con insultos. Iba con miedo a ver al hombre que durante tanto tiempo la había hecho feliz. Se sentía cada vez mas sola y alejada del mundo real. Toda su vida se había reducido a ese lugar, lleno de ancianos enfermos y seniles. Sus hijos le insistían constantemente para que abandonara la residencia, aludiendo que la echaban de menos y que tenía que disfrutar mas de sus nietos.
Se vistió, se refrescó un poco en el baño y salió de la habitación. Con pasos ligeros subió las escaleras que llevaban al piso superior donde estaba la habitación de su marido. A pesar de llevar mas de dos años allí, se le seguía haciendo raro no compartir la misma habitación con él. Cuando hubo llegado al piso de arriba buscó a la enfermera que se ocupaba de él para poder preguntarle como estaba hoy, pero no la encontró. En su lugar, se fijó en que había una chica nueva. Se dirigió a ella con paso decidido para pedir explicaciones de por que su marido estaba solo y sin atención.
¡Jovencita!, ¿dónde esta la enfermera Rivas?-inquirió Rose con tono de enfado.
¡Buenos días!– respondió muy jovial la muchacha-. Usted debe de ser la mujer del señor Duro. Yo soy Claudia, la nueva enfermera de su marido. ¡Encantada!
¿Se ha levantado ya mi marido?¿Le ha dado ya el desayuno?¿Que le ha pasado a Manuela?-contestó Rose preocupada- No le gustaban esos aires que desprendía esa joven.
Si, se ha levantado y ha desayunado. Ahora mismo esta con su fisioterapeuta haciendo sus ejercicios matinales. No se preocupe, está en buenas manos. La señora Rivas ha sido trasladada y ahora yo ocupo su lugar. Si me disculpa debo atender a los demás pacientes. Que tenga un buen día.- Respondió algo irritada-. No le había gustado el tono con el que le había hablado la señora y se marchó bastante cabreada.
Flora se dirigió al comedor donde el resto de internos ya estaban desayunando a tomarse una taza de café bien cargado. Esa nueva enfermera la había alterado.¿Porque habían trasladado a Manuela? Y lo que es peor, ¿porque no la habían avisado del cambio? Esto suponía un rostro nuevo para su marido, lo que conllevaría importantes problemas día a día.
Cuando se sentó en una mesa al fondo del comedor volvió a ver esa enfermera. Esta vez dándole el desayuno a un anciano. Había algo en ella que despertaba su curiosidad. Estaba decidida a conocerla más. Al fin y al cabo, esa joven se iba a encargar, entre muchas cosas, de duchar a su marido, y tenía todo el derecho del mundo a querer saber de ella.